viernes, 24 de enero de 2014

Jordania y la inspiración arábica

Comenzado un nuevo año, pese a lo transcurrido ya del mismo y la correspondiente vergüenza que supone el retraso de lo que sigue, no quiero dejar de desearos felicidad, viajes y salud en los próximos meses, esperando que hayáis disfrutado de unas fiestas memorables. Por mi parte disculparme por la falta desde hace ya tiempo de novedades en el blog, no valen las excusas y ya quedo moderadamente justificado en entradas precedentes. Como veis empiezo como terminé, pidiendo perdón, aunque eso sí, completándolo con el anunció de una nueva aventura que arranca en horas (me era imposible romper mi tradición, para eso aún guardo cierta dignidad).


El destino esta vez se dibuja en los tonos marrones de un inmenso océano de arena intercalados por las rojizas formaciones rocosas que las surcan, salpicado todo ello por puntuales motas verdes en forma de palmeral que descanso debe dar al viajero en el inmenso desierto de la convulsa Arabia; el mismo que encumbró a leyenda la figura del británico T. E. Lawrence, unificador de sus pueblos y guía en la victoria por la independencia frente a los otomanos en el marco de la Primera Guerra Mundial. Tras esta el territorio fue desmembrado en varios reinos bajo influencia de las potencias extranjeras, apareciendo entre otros el emirato semiautónomo de Transjordania que años después, libre de todo mandato exterior, se renombraría como Reino Hachemita de Jordania; nuestro destino.

Esta zona ha sido testigo tanto del desarrollo humano como del trasiego e intercambio cultural entre todos los pueblos que por ella han pasado, desde griegos, egipcios, romanos, árabes, judios, turcos, europeos..., permaneciendo visibles sus huellas en las más diversas formas, construcciones y tesoros. Mención aparte merecen los nabateos, siendo Jordania la cuna de esta enigmática civilización que hizo de Petra no solo su capital, sino una autentica maravilla del mundo. La primera vez que la contemple, probablemente al igual que muchos de mi generación, fue de la mano del Dr Indiana Jones. Por aquel entonces prometí que alguna vez la vería con mis propios ojos.


La compañía, como ya ocurriese en la precedente escapada lusitana, inmejorable. A lo largo de 11 días Patricia y yo recorreremos los emplazamientos más emblemáticos del país, dejando espacio también para el descanso y el recreo en el mar rojo. La ruta es la que sigue:

  • Día 1 (25 E - S): Madrid - Amman
  • Día 2 (26 E - D): Amman - Área mar muerto
  • Día 3 (27 E - L): Amman - Jerash - Ajlun
  • Día 4 (28 E - M): Amman - Madaba - Monte Nebo - Ruta de los Reyes - Petra
  • Día 5 (29 E - X): Petra
  • Día 6 (30 E - J): Petra - Wadi Rum
  • Día 7 (31 E - V): Wadi Rum - Aqaba
  • Día 8 (1 F - S): Aqaba
  • Día 9 (2 F - D): Aqaba
  • Día 10 (3 F - L): Aqaba - Amman
  • Día 11 (4 F - M): Amman - Madrid  

 Espero que a nuestro regreso pueda compartir con vosotros impresiones, consejos y algunas fotos, prometo intentarlo. Esta claro que para nosotros el año no podría inaugurarse de mejor forma, aunque en el horizonte ya hay planes (gestados incluso antes que este viaje) que ojalá siga compartiendo con vosotros en meses venideros, aunque por ahora los designios del desierto y misterios de las mil y una noche son mandatarios.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Reencontrando y comenzando en Lusitania

Muchos pensareis que soy osado al dar vida a un nuevo viaje cuando las ascuas del anterior aún rugen y poco se ha contado sobre ellas; tenéis razón. Sin embargo, vayan una vez más mis disculpas por delante dada la falta de redacción de los últimos meses, me resisto a olvidar la tradición de practicar algo de prosa horas antes de mi partida y compartirla con todo aquel que guste de la misma. Además en esta ocasión el periplo, breve por cierto, tiene un significado demasiado especial como para dejarlo aguardando su oportunidad. Muchas son las circunstancias, tantas como ilusión por contarlas, además de una presentación anunciada de la que ya deje pistas hace meses. Comenzaré recordando.


En mi mente aparece un muchacho, por no decir casi un niño encarando su adolescencia, que nunca antes había puesto un pie fuera de su propio país, aunque moverse por él le había descubierto parte de las bondades de conocer mundo. La primera vez que tuvo oportunidad de salir del suyo llegó, al igual que muchas cosas únicas que nos pasan en la vida, por sorpresa. El candidato elegido, al menos en mi humilde opinión haciendo una retrospectiva, no podría haber seguido mejor guión si tenemos en cuenta que a lo largo de la historia fuimos uno, para después pasar a ser hermanos; Portugal.

Pese a lo corto de mi paso (no duró más de un día nuestra escapada al Algarbe desde tierras onubenses) muchas y muy buenas fueron las sensaciones. Encontrarme con otro idioma, aunque por extraño que me pareciese podía comprenderlo con cierta decencia; distinta moneda, el escudo luso a falta de varios años para que el euro cambiase nuestra vida (y también nuestra cartera); un meridiano diferente con la "novedad" (con escasos meses de vida dicen que lo probé en las Canarias) y hasta engorro de estar cambiando la hora; su cultura, parecida a la nuestra sí, pero con matices propios. En resumen un país distinto, la Lusitania, que inauguraba una lista que no ha dejado de crecer desde entonces.


Varios años después conocí Oporto (una maravilla que merecería su propia entrada) y ahora ha llegado el momento, al fin, de entregarme a su capital, Lisboa. Esta ciudad no solo me reencuentra con el origen de mi pasión por los viajes, sino que construye uno nuevo, dando pie a otra lista cuyo encabezamiento está marcado por la misma nación que me invitó al mundo desde pequeño.

Destinos nacionales aparte, Portugal representa la primera experiencia por el extranjero que Patricia, o Patri a modo informal y preferido por ella (esa circunstancia con nombre propio que ha cambiado mi vida), y servidor vamos a compartir. Sobre decir que no concibo a nadie mejor para ser mi compañera de viaje, hasta en eso teníamos que coincidir. Será la primera de un sin fin de aventuras que irán alimentando nuestra ilusión por descubrir el mundo juntos, pues estoy seguro de que muchos serán los destinos que irán completando nuestra lista. El siguiente ya esta incluso decidido, pero para eso aún queda, y por delante Lisboa.



lunes, 29 de julio de 2013

En el Japón salvaje

La primera imagen que guardo de Japón quedó grabada a fuego en mi memoria, dado que tuve el supremo honor de que un extranjero en la tierra de los dioses fuese recibido ni más ni menos que por el mismisimo monte Fuji. Momento único en mi vida, pensé, nuestro idilio no podía tener mejor comienzo. Sin embargo, cómo si de un aniversario se tratara, la vida y el país del sol naciente me deparaban una nueva sorpresa.

El sabor de la primera cita volvía estar presente en el ambiente; los ingredientes bien dispuestos, mucho cansancio con algo de sueño y el astro rey ya desayunado, sin olvidar una pizca de fortuna. Faltaba poco para el aterrizaje cuándo una vez más se mostró ante mí. Perfil contundente, porte inigualable, símbolo de un país. El monte Fuji no sólo me daba la bienvenida sino que además actuaba de panacea, haciéndome olvidar el largo viaje e iluminando la ilusión latente.



Horas después un nuevo vuelo nos acercaba a la cara más desconocida de este país, la isla de Hokkaido, que durante más de medio año viste de blanco hasta que se deja seducir por la primavera y se descubre en el verano, mostrando su piel de bellos tonos verdes salpicados por notas marrones. Algunos de los parajes más bellos del país nos esperaban, sin saber acertadamente por dónde comenzar entre la inmensidad de montañas, lagos, bosques, ríos, mares y por supuesto volcanes, que se nos ofrecían, hogar todos ellos de la fauna más variopinta, destacando el feroz oso y el astuto zorro, de los que hemos podido ser testigos.



Respecto a la presencia de nuestros similares en estos territorios fue la tribu de los Ainu (a más de uno le dejaran cierto regusto a nativos americanos) quienes los dominaron hasta hace poco más de un siglo, cuando la modernización tomó las riendas del país. Desde entonces una suerte de cuadrículas de acero y hormigón han ido llenando paulatinamente la vastedad de la isla, aunque afortunadamente son bastante pocas, siendo mucho más frecuentes los diminutos pueblos y desperdigadas granjas.



En poco más de una semana hemos tenido tiempo para disfrutarla y conocerla. Cada día un nuevo reto, grandes descubrimientos y un sinfín de oportunidades a nuestro alcance. Coronamos el pico más alto, el volcán Asahidake; visitamos el denominado por los Ainu como "fin del mundo", la península de Shiretoko, uno de los puntos más inexplorados de Japón desde donde las islas Kuriles han tenido a bien aparecer ante nosotros; sus aguas termales han recuperado nuestros cuerpos, el espíritu de sus gentes nuestras almas.



Sin duda aquí he encontrado una cara desconocida de este país que amplia y enriquece la imagen que tenía de él, aunque aún tardaré algún tiempo en descifrar todo lo que me está aportando e implementarlo como se merece en mi experiencia nipona. Con los días que nos quedan aún en esta zona, espero poder terminar de darle forma y poder así transmitiros toda la energía que emana de un lugar llamado Hokkaido.






miércoles, 17 de julio de 2013

Rumbo al sol naciente

Hay ciertas tradiciones que por muy atareado que se encuentro uno en la vida no es aconsejable perder; menos aún si tenemos en cuenta que esta praxis es el preludio habitual de una nueva aventura allende el “mare nostrum” con todo lo que ello implica para un viajero empedernido como servidor,  enamorado del lejano oriente. Mi idilio comenzó hace dos años, cuando por fin un sueño de juventud que llevaba tiempo madurando me puso rumbo al país que tanto había deseado visitar, Japón. Aquel primer contacto no solo sentó los cimientos de un romance continental que me ha hecho regresar a Asia siempre que he tenido ocasión, sino que además cambió mi forma de entender la vida y el mundo que me rodeaba.

En esta ocasión retomo mi historia directamente desde la matriz de la que todo surgió, cumpliendo una promesa hecha en un momento de dolor que forjó un nexo aún más fuerte si cabe del existente entre los nipones y servidor. Quizás (más que probable) esta sea la razón principal de la ruta elegida para la ocasión, yendo en busca del redescubrimiento del país a través de su cara menos conocida (hablando desde el punto de vista meramente turístico), además de encarar en persona parte de las consecuencias que el fatídico seísmo de 2011 dejó en aquel lugar.

En las semanas que han precedido a mi partida varios amigos y familiares me comentaban que no me veían con la misma ilusión que en mi primer viaje, y debo reconocer que hasta cierto punto tienen razón. La palabra exacta no sería miedo; apostaría más por temor. Temor a que pueda emborronarse el cariño que se le concede a un primer contacto, a que las sensaciones que tanto tiempo llevo guardando queden modificadas o borradas por otras nuevas, a caer en el desencanto. Por supuesto todas son infundadas y según pasan las horas, acercándome así a mi destino, cualquier duda se va despejando y la excitación va “in crescendo”. 



A todo esto debo añadir una última nota que no me perdonaría dejar en el tintero. En consonancia con el párrafo anterior he de reconocer que esta vez buena parte de mi se queda aquí, no solo materializada en forma de familiares y amigos como acostumbraba, sino en alguien que ha inundado mi ser tanto como el país al que me dirijo, contrapunto de que esta vez cabeza y corazón queden repartidos entre la Alcarria y el Japón como nunca antes se conoció precedente, en un cruce e intercambio de sentimiento que concede más que nunca significado a entre miel y sushi. Llegará el día en que ambos se junten, estoy seguro.

Sin más agradezco los ánimos y el seguimiento por parte de muchos. Pido disculpas por no haber podido escribir tanto como me hubiese gustado, aunque prometo que en lo que dure el viaje intentaré manteneros tan actualizados como me sea posible, ya sea a través de breves relatos, fotos o cualquier cosa que se nos ocurra. Por último compartir el itinerario como es habitual. 


Hokkaido

  • 18 J (J): Madrid – Roma – Tokyo
  • 19 J (V): Narita – Sapporo
  • 20 J (S): Sapporo
  • 21 J (D): Sapporo
  • 22 J (L): Sapporo – Shikotsu - Toya National Park
  • 23 J (M): Sapporo - Otaru - Sapporo
  • 24 J (X): Asahikawa 
  • 25 J (J): Parque natural Deizetsuzan 
  •  26 J (V): Parque natural Deizetsuzan
  • 27 J (S): Abashiri
  • 28 J (D): Parque natural Akan o Shiretoko
  • 29 J (L): Parque natural Akan o Shiretoko
  • 30 J (M): Kushiro
  • 31 J (X): Hakodate
  • 1 A (J): Hakodate - Parque Onuma - Hakodate

Tohoku

  • 2 A (V): Aomori
  • 3 A (S): Aomori – Península Shimokita – Aomori
  • 4 A (D): Aomori – Hirosaki – Aomori
  • 5 A (L): Akita
  • 6 A (M): Akita – Dewa Sanzan - Akita
  • 7 A (X): Kakunodate
  • 8 A (J): Sendai
  • 9 A (V): Sendai - Hiraizumi - Sendai
  • 10 A (S): Sendai - Matsushima - Sendai
  • 11 A (D): Sendai - Yamadera - Sendai
  • 12 A (L): Aizu
  • 13 A (M): Aizu - Ouchijuku - Aizu
  • 14 A (X): Tokio y/o excursiones
  • 15 A (J): Tokio y/o excursiones
  • 16 A (V): Tokio y/o excursiones
  • 17 A (S): Tokio y/o excursiones
  • 18 A (D): Tokio - Roma - Madrid


El país del sol naciente está a la espera.